Danny Weber
12:57 12-01-2026
© A. Krivonosov
El Departamento de Comercio de EE.UU. retira el veto a importar drones chinos (DJI), pero la FCC bloquea nuevas certificaciones. Impacto en usuarios y mercado.
El Departamento de Comercio de Estados Unidos dio marcha atrás en sus planes de imponer una prohibición a la importación de drones chinos, incluidos los modelos de DJI. Según Reuters, el movimiento llega en medio de un deshielo entre Washington y Pekín y antes de una reunión en abril entre Donald Trump y Xi Jinping. Para DJI, supone un respiro más que un punto de inflexión.
Antes, el departamento había instado a la Casa Blanca a restringir las importaciones de aeronaves no tripuladas chinas, una propuesta presentada en octubre. Esa iniciativa ahora se retiró, pero queda en pie un obstáculo mayor: una prohibición emitida por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC). No apunta a las importaciones como tal, sino que bloquea la certificación de equipos; sin ese aval, los nuevos drones no pueden venderse oficialmente en el mercado estadounidense.
El panorama se complica por la presión de otros organismos federales. El Departamento de Defensa sigue clasificando a DJI como una empresa militar china, y un tribunal del Distrito de Columbia avaló formalmente esa designación, aunque señaló que no hay pruebas de control por parte del Partido Comunista chino. El Congreso también avanzó para vetar por completo la marca en 2024, pero la compañía obtuvo una prórroga de un año para demostrar que no supone un riesgo para la seguridad nacional.
Las restricciones actuales no afectan a los drones que ya están en manos de los clientes, de modo que los propietarios existentes no tienen motivos de preocupación. Aun así, DJI no puede introducir nuevos modelos en el mercado estadounidense ni siquiera suministrar repuestos, una limitación que con el tiempo podría pesar en el servicio y las reparaciones. Con ese telón de fondo, la empresa ya empezó a diversificarse, invirtiendo en áreas adyacentes más allá del negocio de los drones, una señal de que se prepara para una incertidumbre regulatoria prolongada.