Danny Weber
El gesto de paz en selfies supone un riesgo para tus huellas dactilares. La IA permite a los ciberdelincuentes replicarlas. Aprende a evitar el robo.
Los expertos en ciberseguridad han encendido las alarmas: el clásico gesto de la paz al tomarse selfies podría facilitar que los delincuentes obtengan sus huellas dactilares y otros datos biométricos.
Según los especialistas, las cámaras modernas de alta resolución y la inteligencia artificial ya son capaces de analizar incluso crestas de huellas parcialmente visibles. El mayor riesgo se da cuando la foto se toma de cerca y los dedos apuntan directamente al lente. El experto chino Li Chang lo demostró en un programa de televisión. Usando una foto de una celebridad, mostró que si se dispara a menos de 1,5 metros se obtienen datos suficientes para reconstruir una huella.
Explicó que incluso las imágenes tomadas a unos tres metros pueden contener parte del patrón necesario. Los algoritmos modernos y las redes neuronales son capaces de mejorar las imágenes y recuperar detalles que antes se consideraban demasiado difusos.
El profesor Jing Jiu, de la Academia China de Ciencias, lo confirmó. Aseguró que el procesamiento de imágenes ha avanzado mucho y que la IA ahora puede enfocar huellas dactilares incluso en tomas imperfectas.
Tras la difusión pública de la demostración, el tema se volvió tendencia en las redes sociales y provocó un intenso debate. Algunos usuarios comenzaron a mostrarse cautelosos a la hora de publicar fotos de cerca de las manos o cualquier gesto.
No obstante, los expertos advierten de que la replicación real de una huella dactilar normalmente requiere buena iluminación, condiciones de disparo favorables y múltiples ángulos. Aun así, el riesgo aumenta a medida que las herramientas de IA evolucionan.
Recomiendan prestar más atención a las fotos que se comparten públicamente. Como medida preventiva, sugieren evitar los primeros planos de los dedos o difuminar ligeramente las puntas antes de publicar en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
© A. Krivonosov