Toto, conocido por sus inodoros inteligentes y bidés Washlet, se ha convertido en un beneficiario inesperado del auge de la inteligencia artificial. Más allá de los baños, la compañía opera una división de cerámica avanzada que produce componentes para chips de memoria NAND, y la creciente demanda de semiconductores ha disparado los ingresos de este segmento.
El negocio de cerámica de Toto creció un 34% respecto al año anterior y ya representa el 55% del beneficio operativo, que alcanzó los 53.800 millones de yenes (unos 343,5 millones de dólares). Para el próximo ejercicio, la empresa prevé un crecimiento cercano al 27% en este segmento y ha destinado otros 30.000 millones de yenes (aproximadamente 192 millones de dólares) a incrementar la producción en serie y la investigación y el desarrollo.
El pilar de la oferta semiconductora de Toto son sus E-chucks, soportes electrostáticos que utilizan fuerzas electrostáticas para fijar las obleas de silicio durante la fabricación de chips. La compañía es el segundo mayor proveedor mundial de estos componentes. Su división de cerámica, fundada en 1984, también fabrica piezas para paneles LCD de gran tamaño.
La experiencia de Toto muestra con claridad hasta dónde está llegando el impacto de la IA, beneficiando no solo a gigantes como NVIDIA, sino también a empresas en rincones insospechados de la economía. Y no es la única: la japonesa Kao se lucra con compuestos de limpieza para la fabricación de semiconductores, mientras que Ajinomoto apuesta por películas aislantes para placas base. No obstante, también crece la inquietud de que un mercado de IA recalentado pueda desencadenar una corrección brusca.