En la Gigafábrica de Tesla en Berlín se ha dado un fenómeno curioso: los coches que salen de la línea de montaje ya registran unos 150.000 kilómetros (unas 93.000 millas) en modo FSD, y todo ello mientras se desplazan de forma completamente autónoma dentro de las instalaciones.
No estamos hablando de vías públicas. En Alemania, la conducción autónoma total no es legal en las calles. Pero dentro de la fábrica, Tesla utiliza el FSD en un entorno cerrado, con carriles anchos, rutas fijas y pocos obstáculos.
Cada Tesla Model Y nuevo se conduce solo desde la línea de montaje hasta el aparcamiento, sin intervención humana. El sistema se activa automáticamente y sigue una ruta preprogramada hasta la zona de vehículos terminados.
Esta configuración interna se ha convertido en un práctico banco de pruebas para acumular kilómetros autónomos. No se requiere dirección manual, y los trabajadores de la fábrica quedan fuera del proceso de mover los coches terminados. Eso ahorra tiempo y simplifica la logística dentro de la Gigafábrica.
En la práctica, el suelo de la fábrica funciona como una pista de pruebas cerrada para el Full Self-Driving, donde los algoritmos aprenden y perfeccionan su comportamiento en condiciones reales pero controladas. Aunque pueda parecer una simple tarea logística interna, Tesla está aprovechando cada uno de esos trayectos para recopilar una enorme cantidad de datos sobre cómo se comporta el sistema autónomo en el mundo real.