IA en órbita: el plan de Musk con satélites y fábricas lunares

Elon Musk ha puesto sobre la mesa una vía radical para ampliar la capacidad de la IA: trasladar los cálculos al espacio. La idea se centra en satélites con inteligencia artificial a bordo que enviarían de vuelta solo los resultados finales desde una órbita heliosíncrona orientada a reducir la latencia. Sostiene que en tres años esto podría convertirse en la forma más barata de generar lo que denomina un flujo de bits de IA y, en cuatro, en la más rápida de escalar. El calendario que dibuja deja poco margen para titubeos.

La propuesta luego se intensifica. Musk argumenta que cada vez es más difícil asegurar energía accesible en la Tierra para los clústeres en expansión, así que sugiere lanzar un millón de toneladas de satélites cada año. Si cada unidad llevara en torno a 100 kW, sus cuentas apuntan a añadir aproximadamente 100 GW de cómputo anuales, supuestamente sin costes de operación ni mantenimiento. La escala, si se alcanzara, sería descomunal.

El paso siguiente imagina construir fábricas de satélites en la Luna y usar un acelerador electromagnético —en esencia, un cañón de riel— para impulsar satélites de IA hasta la velocidad de escape sin cohetes. En el estado final, habla de escalar por encima de 100 teravatios de capacidad de IA al año y de avanzar de forma tangible hacia una civilización de Tipo II en la escala de Kardashev. El salto de hardware orbital a industria lunar se lee menos como un ejercicio teórico y más como un itinerario.

En una publicación aparte, añadió que, si la Luna alojara fábricas, robots y aceleradores de gran escala que cerraran el ciclo de la producción al despliegue, el sistema podría funcionar teóricamente sin depender del dinero tradicional, midiendo su economía en vatios y toneladas y operando de forma autónoma. Con ese marco, los recursos pasan a ser el eje y el plan se presenta, ante todo, como un proyecto de ingeniería.