La IA dispara la escasez de DRAM y encarece móviles y ordenadores

La fiebre inversora en inteligencia artificial ya empieza a sentirse donde más duele al comprador: en la caja. Según Financial Times, la demanda disparada de memoria para centros de datos ya encareció de forma notable los chips, y los analistas alertan de que, en los próximos doce meses, las etiquetas de teléfonos, ordenadores y electrónica del hogar podrían subir entre un 10% y un 20%.

Los grandes fabricantes han encendido las señales de alarma. Dell, Lenovo, Raspberry Pi y Xiaomi reconocen que la escasez de memoria está inflando los costes de producción y deja poco margen para esquivar subidas. El director de operaciones de Dell, Jeff Clarke, señaló que la compañía no había visto un incremento de costes tan rápido y que, al final, la factura acabaría en manos del consumidor. Raspberry Pi ya aplicó incrementos en diciembre y describió la situación como dolorosa, mientras que Lenovo se aprovisionó antes de tiempo para amortiguar el golpe. En la práctica, la historia de la IA deja de ser un asunto de salas de servidores remotas y se convierte en el precio final del estante.

El origen está en la carrera por construir centros de datos para IA. Los fabricantes de memoria priorizan los pedidos con mayor margen, lo que empuja a la electrónica de consumo a una escasez de DRAM. Ese desequilibrio, a su vez, dispara el acopio preventivo, y comprar por adelantado solo alimenta nuevas subidas. Los analistas describen un mercado recalentado y desordenado; TrendForce prevé que, hacia finales de 2025, los precios de la DRAM aumenten entre un 50% y un 55% de un trimestre a otro. La señal es nítida: la oferta no alcanza el apetito.

Samsung y SK Hynix, que juntas controlan alrededor del 70% del mercado mundial de DRAM, ya han indicado que su capacidad para 2026 está totalmente comprometida. Samsung, según se ha informado, ha elevado los precios de ciertos chips hasta un 60%, y directivos de la compañía admiten que la demanda impulsada por la IA supera con creces lo que la industria puede suministrar. Los gigantes de la nube como Amazon y Google presionan con contratos a largo plazo, dejando a los fabricantes de dispositivos de consumo con escaso margen de maniobra en la mesa de negociación.

Los analistas no ven una salida rápida. Expertos financieros estiman que las tecnológicas estadounidenses gastarán 620.000 millones de dólares en infraestructura de IA en 2026, y para 2028 la inversión global podría acercarse a los 3 billones de dólares. Citi y Nomura prevén que la escasez de memoria se prolongue al menos hasta 2027, con 2026 marcado por un acopio de chips aún más agresivo. Incluso las ampliaciones de Samsung y SK Hynix tardarán en notarse: una fábrica nueva suele necesitar entre dos y tres años para entrar en funcionamiento. Hasta entonces, los fabricantes se ven abocados a elegir entre subir precios o aceptar márgenes más delgados, y en los hogares el sobresalto al pagar parece ya parte del guion.